
Como todo arte, escuchar tu intuición se practica.
Igual que cuando aprendemos a dibujar, cocinar o tocar un instrumento, también necesitamos ejercitar este sentido sutil todos los días, hasta volvernos a conectar con nuestras vibraciones más auténticas.
Pero antes de practicarla… Adivina!
Debemos creer que la tenemos, que es real.
Sí, así como decimos “soy buena cocinando” o “soy bueno con arreglando cosas”, también necesitamos afirmar:
“Tengo intuición. Está dentro de mí. Existe, es real y soy buena escuchándola”
La verdad es que todos tenemos intuición.
Es un sentido natural, innato, pero que muchas veces hemos olvidado, tapado o desvalorizado.
Nos enseñaron a decidir desde la mente, a priorizar la lógica, a desconfiar de lo que no se puede explicar.
Por eso, creer en la intuición parece sacado de un cuento de fantasía.
Y sin embargo… ahí está.
Ese impulso que aparece cuando vas por un camino oscuro y algo dentro de ti te hace cambiar de dirección.
Ese susurro que te dice “sí, por aquí” y todo sale bien.
Esa voz que te advierte… y tú la ignoras.
Y luego llega el clásico: “¡Lo sabía! ¿Por qué no me escuché?”
Sí.
Eso era tu intuición hablándote con fuerza.
Y muchas veces, como a mí, te ha gritado en el oído… y tú has seguido de largo.
Lo más doloroso no es equivocarse, sino darte cuenta de que no la escuchaste,
que las señales estaban ahí, pero preferiste la lógica.
Y entonces aparece el arrepentimiento:
“Oh, mi querida intuición… tú siempre estuviste ahí.”
Lo bueno de esas experiencias es que nos hacen darnos cuentas que si, hay algo, lo sé y así comenzamos el camino para re conectarnos con ella.
Ahora que la reconozco y creo en ella, ¿qué sigue?
Limpiar y recuperar tu intuición
Tu intuición vive en tu cuerpo, no en tu mente.
No es lógica, no necesita justificaciones.
Es una luz, una sensación cálida, un susurro suave que guía. Es la energía sutil viva en nuestro ser.
Y para que funcione, primero tienes que recordarla. Volver a buscarla en el fondo de la bodega donde estaban tus habilidades olvidadas.
Como esa guitarra que alguna vez quisiste tocar y dejaste a un lado…
Tu intuición necesita limpieza, cariño, práctica.
Y también afinación.
¿Cómo se limpia?
🌿 Eliminando las creencias que limitan su expresión, como:
“No soy buena en eso.”
“Eso es para personas especiales.”
“Nunca me resulta, mejor se lo dejo a otros.”
Te propongo un ejercicio:
Escribe en tu cuaderno 3 creencias que tengas sobre tu intuición.
Obsérvalas con amor.
Y luego… suéltalas.
Dále forma a tu intuición
Como hicimos con el ego, puedes visualizar tu intuición.
¿Es una flor? ¿Una llama? ¿Un animal mágico?
Dibújala. Ponle un nombre. Hazla real.
Y colócala en tu Diario de Intuiciones.
Sí, te recomiendo que empieces uno: una pequeña libreta donde anotes lo que sientes, tus aciertos, tus errores, tus señales.
Donde puedas hablar con tu intuición, decirle que quieres reconectar con ella.
Que es importante. Que la vas a escuchar.
El cuerpo no miente
Tu intuición se expresa a través de sensaciones.
En mi caso, cuando es un sí auténtico, lo siento como calor en el pecho y un color rojo en mi cara.
Cuando es un no, lo siento como un nudo en el estómago, o tensión en los hombros.
Aprender a distinguir esas señales es parte del proceso.
El cuerpo es sabio, inocente y honesto. Él te avisa cuando algo va mal. Se enferma, se contrae, se cansa…
Y también vibra alto cuando algo lo nutre.
Tu cuerpo es tu mejor brújula.
Por lo tanto el primer paso es reconocer y hacerle espacio
Reconocer que sí tienes intuición
Que ha estado ahí, aunque la hayas callado.
Que vive en ti tanto como tu mente, tu ego, tu corazón.
Y que, como todo lo importante… necesita espacio.
En el próximo post te compartiré hábitos diarios para fortalecerla y mantenerla viva y presente.
Tu cuerpo es tu mejor brújula y para eso debemos comenzar a prestarle la atención que se merece.
🎧 Te dejo aquí una meditación guiada para comenzar a conectar con tu intuición
🌙 [Insertar enlace aquí]
Nos seguimos leyendo…
Tu intuición ya te está esperando 💫

Jeanine



